
El pasado martes,12 de Febrero, los protas-directores de nuestra peli “Locura en el Colegio” (título provisional) se nos sublevaron y a la pregunta retórica de “¿Qué vamos a hacer hoy?” (íbamos con la idea de hacer sesión de Guión para echar para adelante la narrativa) contestaron “¡Grabar la escena de la profe!”. Esto es: Los niños entran alborotados, la profe toca la campanilla y anuncia que toca día de Lectura, que abran el libro por la página 114. Pues bien, como había consenso general, no se ha hablado más y así hemos podido estrenar nuestra claqueta nueva. (Que dice en bien grande HOLLYWOOD. Tranquilos, estamos pensando en customizarla próximamente..)
¡Acción! Clac. (Suena nuestra claqueta hollywoodense) (Y se hace el silencio) Pero esperad. ¿Acción? Un momento: “Aunque algunos se aburran tenemos que conversar y planificar qué se va a rodar”. ¿Cámara fija o al hombro? ¿Usamos dos perspectivas? De nuevo hoy, la pizarra se convierte en un story board improvisado y los guionistas (directores-protas) van lanzando propuestas.
“¿Qué os parece una cámara que vea así, de frente, a los niños como alborotados?” “¿Y si grabamos a los chicos sacando los cromos e intercambiándolos?” Ante ésta propuesta se oye un “Como siempre…” Y de pronto se hace evidente que esto que estamos haciendo ahora, más allá de si los zombies entrarán en un futuro en escena o no, es retratar la cotidianidad. Rodamos un martes cualquiera y entonces los niños-protas ya no son más simples actores. Hacen de sí mismos. La profe también. Y lo hacen pero que muy bien.
Grabar lo cotidiano bajo la mirada atenta del cine o más bien ANTE su mirada atenta. Pero ojo, ¡hay reglas! ¿Ah sí? ¿Cuáles? Una de las protas muy avispada dice con seriedad “Tenemos un problema. No vamos vestidos igual que el otro día, en la escena pasada”. Peligro, alarma, fallo de Raccord. En fin, ¿Para qué están las reglas…? Lo verdaderamente interesante, que nos vayamos dando cuenta. Hay que saberse las reglas para después quebrarlas…
Y ahora, sí. Tras planifica dos planos distintos, a dos cámaras , se hace el silencio que han aprendido muy bien a guardar al grito de “Acción” y entran en clase como un torbellino haciéndose-los-ellos-mismos. La profe, también muy en su papel escribe grande en la pizarra “Lectura. Página 114”
Y después, grabamos lo mismo, pero más de cerca. Antes de realizar esta toma, una niña pregunta previo levantamiento de mano, como bien la han educado a pedir la voz (y la palabra) “¿Pero nos podemos levantar?” “Claro, claro, hagan lo que quieran” Y un enorme siiiii de júbilo salen de sus bocas. El poder de la libre imaginación es un regalo, ¿no? Por lo menos para unos niños de 9 años… Empezamos. La cámara se queda con los pequeños grupúsculos que el azar o la afinidad va formando entre las hileras de pupitres. Algunos hablan de cromos, ¿qué tal os ha ido el finde?, un niño prota interactuaba con la profe prota pidiéndole que le devolviese por favor el taco de cromos que le había confiscado. Y así, ante el dispositivo, se iba desenvolviendo una mañana normal, con unos niños normales, leyendo un normal libro de lecturas. Me pregunto si hay algo mágico detrás de toda esa normalidad…
Para “magia” la del Cine Coletivo que permite de pronto un total intercambio de roles. Tras la toma, un niño se lanza a “corregir” la actuación de su profe. “No, no te sientes, mejor quédate de pie, ¿no? Porque si vas a levantarte después para escribir en la pizarra” Cine Colectivo que por supuesto permite a la profe defender su actuación “Me siento porque es lo que hago siempre, para tocar la campanita…”
Tras un plano detalle de susodicha campanita suena el timbre general, el que anuncia que es la hora del tan ansiado patio. Un semi-dios timbre que nada puede contra ninguna otra ocupación. Ni siquiera el Cine. Se levantan corriendo y de pronto la escena, los protagonistas, los guionistas, todo se esfuma. Guardamos los bártulos y nos vamos.
Así es el Cine. Ahora está ahora. Ahora ya no. Un artificio que a veces hasta marea. Pero ¿Qué pasa si hemos grabado algo que mañana mismo se repetirá, esta vez sin cámaras delante? ¿Es que las acciones que hemos rodado adquirirán un nuevo sentido por el hecho de hacerlas visibles? Actuarlas. ¿Creéis que alguno de nuestros protas subiendo las escaleras donde les grabamos pensará “Uy, una vez me grabaron así, subiendo estas mismas escaleras”? ¿Qué pasa cuando se cuela una cámara en un cole? ¿Y en una oficina? ¿Y en una casa…? ¿Se puede realmente registrar la verdadera cotidianedad? ¿O el simple hecho de pensar lo cotidiano ya nos saca de lo natural? […]
Da que pensar ¿no? Pues ahí os dejo pensando. No dejéis de seguirnos en esta aventura que es hacer Cine Colectivo,
¡Y hasta el próximo claquetazo!